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El papel del hombre en un tratamiento de reproducción asistida: cómo pasar de ser un simple espectador a un participante activo

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Artículo de la Dra. Petra Thorn, terapeuta social y familiar especializada en asesoramiento psicológico a parejas que desean tener un hijo

reproducción asistida

Para un hombre, seguir un tratamiento de reproducción asistida puede presentarse a menudo como un desafío muy particular: tiene que observar y “sobrellevar” que su pareja se someta a un tratamiento médico invasivo sin que él pueda contribuir en nada. Este desafío es más difícil cuando es al hombre a quien se le ha diagnosticado un problema de fertilidad. “Es culpa mía que mi mujer tenga que pasar por esto”, “Yo no puedo hacer nada para hacérselo más llevadero”… Este es un pensamiento recurrente que puede quitar el sueño a muchos hombres que se encuentran en esa situación.

Durante el tratamiento, el deseo de actuar para ayudar de alguna forma se corresponde con la estrategia típicamente masculina de querer solucionar un problema tomando la iniciativa. Las mujeres, sin embargo, sienten más la necesidad de hablar y de dialogar. Además de ser dos estrategias muy distintas, éstas no siempre son compatibles y a veces llevan a que las palabras y las acciones de los dos miembros de una pareja no encuentren el acuerdo.

Cómo puede ayudar el hombre a superar esta situación

Cuando la falta de comunicación ya se ha producido, la parte positiva es que puede retomarse de una manera productiva para ambas partes y desde muchos puntos de vista diferentes. Estos son algunos de ellos:

  • Cuida más de tu relación mientras estéis intentando tener un hijo: más de lo que lo haces normalmente. Intenta proponer actividades concretas que os gusten a los dos y que os permitan no pensar en lo agotador que puede llegar a ser el tratamiento.
  • Ten en cuenta que es tu mujer la que recibe físicamente el tratamiento de reproducción asistida. Le irá bien que le muestres tu apoyo teniendo algún detalle con ella, como por ejemplo un ramo de flores, un masaje en los pies o un improvisado desayuno juntos en la cama.
  • Si tu pareja se siente agobiada por el tratamiento, intenta aligerar la presión haciéndote cargo de los aspectos administrativos del mismo (concertar las visitas con el médico, aclarar cuestiones administrativas con el equipo de la clínica, etc.). También es posible recurrir al apoyo psicológico de la mano de un profesional.
  • Aprende a reconocer y valorar las diferencias. Aunque los dos tengáis el mismo deseo de tener un hijo, cada uno interpretará la situación a su manera, y rara vez sentiréis exactamente lo mismo. Esas diferencias no siempre tienen que suponer un obstáculo para vuestra relación, sino que también la pueden enriquecer: el más fuerte de los dos puede ofrecer consuelo al otro y darle ánimo… Quién sabe, quizás en otro momento estos roles se invertirán.
  • Es normal que la vida sexual de la pareja se vea afectada durante un tratamiento de reproducción asistida. Saber que tener relaciones no conduce a la concepción de un hijo o tener que seguir unas pautas médicas y cumplir unos horarios puede alejar las ganas de mantener relaciones con tu pareja. Intenta dividir tu vida sexual en dos partes: las relaciones “funcionales” –las que se tienen puntualmente y con el único propósito de concebir un hijo- y las relaciones “de puro placer”: estas son la parte romántica y apasionada.
    Si en un momento dado no tenéis ganas ninguno de los dos, abrazaros y disfrutad de teneros cerca.
  • Conversad sobre vuestras emociones, vuestras experiencias y vuestras expectativas. Sólo si sabes cómo se siente tu pareja y ella sabe cómo te sientes tú, podréis respetaros y teneros en cuenta mutuamente. En mi experiencia, las parejas que saben dialogar sobre sus vivencias emocionales, a posteriori dicen que la crisis relacionada con las dificultades para tener un hijo ha servido para unirles. Por otro lado, las parejas que no conversan mucho suelen constatar que se han alejado emocionalmente el uno del otro –independientemente de si su deseo de tener un hijo se ha cumplido o no.
  • Existen las situaciones en las que el diálogo resulta imposible. A veces, cuando después de varios tratamientos aún no se ha conseguido un embarazo, no hay palabras que valgan. En ese caso: abraza a tu mujer y demuéstrale que estás ahí para lo que necesite. En esa situación, esto vale mucho más que dar consejos que pueden ser percibidos más bien cómo un golpe en la cara.
  • Si sientes que se te deja fuera en el tratamiento médico, coméntaselo al médico. Debes estar involucrado en todas las conversaciones importantes y las fases del proceso, incluso en los pasos de menor importancia (por ejemplo, una ecografía): aunque no sea estrictamente necesario, compartir un momento como este puede ser beneficioso para los dos.

Y por último: Cuida de ti mismo. Disfruta las partes enriquecedoras y agradables de tu vida que son ajenas al deseo de tener un hijo, cuida de tus amistades y haz planes con tu pareja que sean independientes de la planificación familiar.

Te deseo que sigas siendo feliz – con o sin hijos.

Petra Thorn
Soy trabajadora social y terapeuta social y familiar. Tengo mi propia consulta desde hace más de 20 años, y me he especializado en asesoramiento psicológico a parejas que desean tener un hijo. Desde hace muchos años, también ofrezco formaciones para profesionales del sector psicológico y médico, y participo en el intercambio científico e interdisciplinar. Además, he publicado varios libros.

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