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La primera visita: hoy empiezo tratamiento FIV

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El día que recibí aquella carta donde me comunicaban la cita con el equipo de reproducción asistida

La primera visita hoy empiezo tratamiento FIV

Repaso mentalmente la lista de preguntas que le plantearé al médico y me imagino las que él me hará. Ya van treinta y un meses que nos ponemos a ello sin protección, reglas normales desde mi adolescencia, cada veintiocho días (“¡veintinueve los meses de fiesta!”, le soltaré para relajar el ambiente), ningún problema familiar, y además mis hermanos tienen dos hijos cada uno, mi madre ha tenido tres y mi abuela ¡seis! No, seguro que me mandará de vuelta a casa. A lo mejor tendré que tomarme progesterona en óvulos a final de cada ciclo como mi amiga Susana y me recetará vitaminas para mi chico, y todo estará resuelto en unos meses.

Bueno, vale, es verdad que he fumado un poco, pero lo dejé hace ya varios años. ¿Cuántos, de hecho? ¡Rebobino la película de mi vida y me doy cuenta de que ya hace siete años! He tenido algunos excesos, pero también hay que divertirse un poco antes de meterse de pleno en la vida real, de tener responsabilidades serias, como la de tener un bebé. Y además, si los excesos que yo he cometido te dejan estéril, la mitad del planeta estaría esperando en una sala igual a esta. Hay que aprovechar antes de ser padres y responsables. Y bueno, si comparo mi estilo de vida con el de otras, ¡lo mío no es para tanto! Las hay peores… ¡mucho peores! Y ellas, que yo sepa, no han tenido problemas, ¡más bien al contrario! ¡No querían! Abortaron…

Y todas mis pruebas están bien. El análisis hormonal está perfecto, aparte de la progesterona esa, que está un pelín baja. Mis trompas se sometieron a una inspección histerosalpingográfica (¡qué mal recuerdo!), y al final todo estaba bien. Son permeables. El test de Hühner también ha salido bien. Y luego está mi chico: sano, joven, que no ha fumado nunca… ¡Si de lo único que abusa este hombre es del deporte! Su seminograma estaba regulín, pero el del laboratorio nos dijo que era suficiente para estar a la altura bajo las sábanas y que, de todas formas, hoy en día todos los hombres estaban igual. El estrés, el móvil, la contaminación: ¡este es el mal del siglo xxi, el seminograma regular! También nos ha explicado que cada año, desde la Segunda Guerra Mundial, la concentración de espermatozoides en el esperma se ha reducido en un 1 %. Sí, está claro, esto no me animó mucho, pero como solo se necesita uno para conseguirlo, ¡soy optimista!

También traje las curvas de temperatura que empecé a hacer hace ya cuatro meses, siguiendo el consejo de mi ginecóloga: “Esto podría ayudaros”, me garantizó. Luego, al ver que los ciclos pasaban y no venía nada, despertó mi curiosidad, empecé a documentarme e incluso a observarme de manera más íntima, indicando en la misma hoja de la temperatura diaria el estado de las secreciones. Incluso estaba a punto de entrar en la fase de la observación del cuello para tratar de comprender todavía más la situación, cuando recibí aquella carta donde me comunicaban la cita con el equipo de reproducción asistida del hospital de mi ciudad y decidí dejar estas observaciones para más adelante…

Frédérique Vincent
Después de terminar sus estudios, Frédérique Vincent hace la maleta y se va a Inglaterra. Allí, conoce a su futuro marido. Se casan en 2008. Los meses y los años pasan muy rápido sin que llegue el embarazo. Al principio, no importa: están muy ocupados con su tiempo de ocio, el deporte, los viajes. Después, el deseo de tener un hijo se convierte en una obsesión. Cuando empieza el tratamiento de fertilidad, decide empezar a escribir su diario de mujer infértil. Muy rápidamente, su entorno le anima a seguir dando su testimonio… Actualmente, es madre de tres niños y autora de La promesse du mois, libro testimonio de la infertilidad.

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